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Bona Fide Taller

A la parcela la atraviesa un muro de contención que la escalona. El ramal de riego pegado a su base hace las veces de sendero, y conduce, bajo el resguardo del margen de piedra enfoscada, al encuentro con otro campo, todavía a mayor cota, plantado de naranjos. En la intersección de niveles, el ingeniero-agricultor conecta acequias y bocas de riego, protege sus remates con piezas de barro cocido y escalona losas de rodeno para hacer practicables las distintas cotas. Sobre estos arranques se levantan ahora hiladas nuevas. Dos pabellones, cuerpos que recuerdan en su tamaño y calado a quemadores de rastrojos o pequeñas casas de aperos. A escuadra de los viejos trazados, se acotan dos habitaciones abiertas al cielo, entroncadas al sendero de ladrillo que accede a su interior, a las acequias que son su asiento (y asiento de quien las visite), a la boca de riego escalonada de la que se sirven para subir. El interior albergará dos bodegones compuestos con motivos vegetales de la huerta, preservados en la superficie de la arcilla. Imágenes del paisaje cambiante que se deja ver a través del velo de los muros. De los frutos cultivados, de las hierbas de los bordes de los caminos, de las flores de los campos abandonados, pero nunca yermos.

Alejandro Martínez del Río (Alicante, 1990). Arquitecto por la ETSAV de Valencia y afincado en la misma, funda en 2018 su propio estudio de arquitectura bajo el nombre de Bona fide taller, con un horizonte: ‘Enjaular el nombre, la moda y el estilo para dar libertad a lo que dibuja el hombre. Ser así la mano la herramienta y no la firma; artesana de una construcción sincera, expresiva y propia de su lugar, que embellezca al tiempo.’ Desde el taller desarrolla proyectos totalmente a mano, con especial atención al proceso creativo, la arquitectura y construcción vernácula, la vida mediterránea y la figura del oficio y el artesano en el contexto contemporáneo.